miércoles, 28 de octubre de 2009

MORAL ESTOICA

El Estoicismo es la escuela filosófica, que junto con la epicúrea, la más celebre de las morales antiguas. Su nombre proviene de Stoa o Pórtico, que es el lugar donde Zenón de Citio, reunía a todos sus discípulos, al comienzo del siglo IV a.C., hacia el año 300. En sus comienzo esta corriente no tuvo gran importancia pero pasando el tiempo de alcanzó un gran auge en los primeros siglos de nuestra era, en Roma donde vivieron sus primeros representantes de los cuales destacamos: Epicteto, Séneca y Marco Aurelio.

Estos son moralistas prácticos. Séneca es tan poco teórico que apenas se le puede ubicar en una escuela; es un director de conciencia que toma lo bueno donde quiera que lo encuentre. Apela con frecuencia a Epicúreo. Epicteto y Marco Aurelio son más representativos, pero su obra consta solo de preceptos prácticos. Sería muy difícil extraer de ellos una metafísica precisa, si no se conociese por otras fuentes el sistema

Esta doctrina, que fundamentalmente de carácter moral, llama la atención de los primeros pensadores cristianos por sus elevados principios y pronto es elevada por el cristianismo; de ahí que la actitud estoica frente al mundo haya recorrido floreciente la historia del hombre occidental hasta nuestros días.

En los cimientos del estoicismo, encontramos que la comprensión del mundo esta inmersa en el cosmos, en un orden universal, regido por diversas leyes inmutables gobiernan además de esto la vida humana. El ideal del hombre consiste en seguir y vivir conforme a la naturaleza.

De este modo se adapta el orden universal y el hombre consigue la felicidad buscada y anhelada.

Desglosando un poco denotamos que el Estoicismo se basa en un Panteísmo materialista transmutando hacía el espiritualismo. Resultado que no nos permite ubicar o señalar el límite preciso que se pueda encontrar entre el materialismo y el espiritualismo, en cuanto los estoicos no nos manifiestan ninguna posición frente a la religión popular y nos hablan continuamente de los dioses, sin que se vea siempre como pueden compaginarse los dioses con su cosmología.

El mundo según no lo presentan los estoicos es puramente materialista o material, un todo finito y ordenado por leyes inflexibles. El logos (Determinismo), es la razón cósmica que todo lo configura conforme a un fin. El hombre está sometido a este logos como los demás seres. A primera vista no hay sitio para la libertad. Las leyes del universo vienen del soplo o pneuma, principio vital o espíritu.

Profundizando más sobre el estoicismo, nos damos cuenta que la metafísica estoica es optimista. Atribuyendo todo el orden del mundo a un ser inteligente que es un fuego artista, que viene metódicamente en al producción de las cosas, denominado como Dios, que es también el admirable. Retomando el panteísmo materialista notamos que el sistema se práctica hasta desaparecer; claro está que en algunos estoicos subsiste esto, y estos matices dan estoicismo de coloraciones afectivas bastante diversas:

ESTOICISMO ANTIGUO (Los viejos estoicos): en este encontramos como determinante principal a su fundador Zenón de Citio; en este periodo los estoicos retoman rasgos de la escuela cínica, especialmente en la política y en la moral y se preocupa intensamente de cuestiones físicas y lógicas.

ESTOICISMO MEDIO: En este encontramos a Panecio y Posedonio. En esta época se manifiestan rasgos platónicos y a veces pitagorizantes, así como tendencias escépticas moderadas en al teoría del conocimiento. Sus ideas influyeron gravemente sobre el mundo intelectual y político romano.


ESTOICISMO NUEVO: En esta etapa se vislumbra a Séneca, Epicteto y Herocles. En esta etapa la doctrina se presenta dividida en tres partes: la lógica, la física y la ética.

La combinación de la materia y del pneuma, se encuentra en todo y en todos sin excluir al hombre. El pneuma es el alma, es decir, soplo ígneo, el mismo que todo; siendo así el hombre no más que un elemento del todo universal; forma una sola cosa con el mundo, su alma, es Dios en él.

Observando esto, se ve que no hay problema de libre arbitrio; el determinismo universal esta en el hombre como en todas las cosas. Aunque los estoicos admiten la libertad y saben explicarla. Esta libertad radica únicamente en el espíritu: se es solo libre interiormente, para aceptar o rebelarse contra el factum, el destino ineluctable.

Igual que todas las morales, la estoica busca también la felicidad. Hace propia la noción cínica de que la felicidad está en la naturaleza.

Aparte de que el orden universal se nos impone, nos podemos rebelar y tratar de eludirlo; pero esto nos puede hacer desgraciados.

Es peculiar del estoicismo, de todas las épocas un extremado optimismo acerca de la naturaleza humana, pues el derecho fundado por el estoicismo es la sociedad de hombre, porque en su sentir todo el mundo era una basta sociedad del hombre y de los dioses. Cada hombre era miembro de esta natural sociedad, con igual derecho que los dioses. Pero todo lo que consigue el individuo en unión a la sociedad mundial lo perdía en individualidad y en libertad, según la ya conocida explicación estoica de derecho; el varón bueno y sabio tenía estrecha obligación de mirar más por la utilidad de la sociedad que por la suya propia o por la de su familia. El que no hacía esto, la moral estoica, no tiene distinción en las imperfecciones (faltas, pecados, crímenes), lo tenían por tan vil, como al desertor o traidor a la patria.

Reconociendo en el Estoicismo el mérito de haber conservado mejor que ninguna otra escuela la dirección impresa por Sócrates, Platón y Aristóteles á la filosofía, por la cual se miraba como un bien absoluto del hombre la moralidad. La idea, como ya lo habíamos mencionado, fundamental del hombre, es la felicidad humana la cual esta basada en el ejercicio de la virtud, aunque explicada con muchas manchas desde el punto de vista lógico y metafísico, ellos eran un verdadero progreso para la filosofía; pues a los estoicos se debió el que se conservase, al menos en el principio, en los últimos tiempos la República romana y principios del imperio hasta Marco Aurelio, entre los que permanecían refractarios al cristianismo.

Para el Estoicismo el hombre tiene un fin práctico en este mundo, en el ejercicio de conformar su voluntad con la ley natural, con la razón universal del mundo, ó con la voluntad divina. La virtud es la que conduce a la felicidad; la cual para ser alcanzada por el hombre, este debe comenzar por cultivar la ataraxia o imperturbabilidad, teniendo en cuenta que la virtud es el único bien. Por esto el bien no admite categorías ni división. Lo que no es virtud, ó es vicio, ó cosa indiferente, que no merece el nombre de bien. Esto mismo sucede, nos dicen ellos, con la salud y buena disposición corporal, aun con la que más se aproxima á la misma práctica de la virtud, á la que consideran como algo matemáticamente indivisible.

Según ellos, la simple aproximación al bien (virtud)son tenidas por simplemente malas. Y entre los males todos son igualmente detestable, como si fuesen el mal absoluto.

Retomando el término Ataraxia o imperturbabilidad, nos dicen que el no dejarse turbar por nada, sea agradable o desagradable, nos garantizan una tranquilidad de espíritu, en armonía total con la naturaleza. Ya que todo lo que no sucede: éxito, alegría, sufrimientos, muerte, es lo que nos conviene. Aceptarlo, sin apego ni resistencia, es alcanzar la perfección y la felicidad. La perfección moral esta en la apatheia (estado de total dominio de las pasiones, estando libre de cualquier desviación, de toda rebeldía; y como forma una sola cosa con el orden universal, goza de una serenidad que nada puede empañar).

El mal moral es la pasión. Las pasiones son de la inteligencia no de la vida afectiva. Provienen de una desviación de la inteligencia. La virtud consiste, en tener el espíritu alerta. Practicar la virtud es razonar bien.

A esta actitud se une la conciencia de la dignidad humana, basada en que todo en el universo es divino. Como seres humanos todos los hombres somos iguales, tenemos la misma dignidad. Es tan respetable el esclavo como el libre, el bárbaro como el romano: todos formamos parte del orden cósmico divino. De este modo el estoicismo culmina en un humanismo universal.

El estoico, es un conformista, es decir todo lo acepta. No es más que un resignado. El estoico no está ni alegre ni triste; comprueba la necesidad, confirma que es inútil evitarla, pues se conforma con ella; alegrase no tiene más sentido que quejarse.

La apatheia es una postura de triunfo; es impasibilidad frente al dolor: es alegría en la unión con el orden, en la medida en que el orden se proyecta como la expresión de un Dios personal y providencial.

¿Será posible alcanzar la apatheia? Ellos nos dicen que si y nos ponen como primera condición la práctica de la ataraxia. Para esto basta darse cuenta que lo que sucede fuera de nuestra voluntad no depende de nosotros; que nada podemos contra ello y que nada nos sirve el alegrarnos o fingir por el. Es preciso ejercitarse en despreciar las subidas y bajadas de la fortuna.

La moral estoica busca el bien por el bien, sin esperanza de retribución, sin esperanza de vida futura, sin un deber u obligación siquiera de creer en un ser superior (Dios); es una moral pura libre de todo énfasis metafísico, que toma el bien moral como un dato primario y absoluto que se busca por él mismo. Oponiéndose así el estoicismo a la pureza de su idealismo, a los que buscan su interés bajo cualquier forma que sea.

Es una moral de interés, es decir, del bien en sí.

Desde una perspectiva en general, podemos concluir, que para el estoico, vale más no perder la serenidad y conservar la paz del alma. La perfección del hombre está en la vida según la razón y de que el sentimiento no tiene parte en esa vida. La importancia objetiva del orden universal y la sumisión a este mismo orden llevándonos a una noción de la providencia.

domingo, 25 de octubre de 2009

por Melissa Olave Bravo

Una vida sin sentido?

Buscarle sentido a la vida se convierte en objetivo primordial en muchos casos. El día a día hace que adoptemos rutinas que, como el nombre indica, se van repitiendo. Adoptamos patrones de comportamiento y nos rodeamos de un entorno socialmente seguro, buscamos (y, al final, encontramos) un trabajo estable y una relación de pareja que también lo sea. Necesitamos un lugar donde vivir, alguna forma de desplazamiento y algo que hacer en nuestro tiempo libre. Y pensamos. Pensamos sin parar, claro esto, pero a veces nos detenemos a pensar en todo lo que hemos conseguido, en qué momento vital nos encontramos y en la utilidad de lo que hemos hecho.

Como en las empresas, en la cabeza también se hace balance anual. Algunas personas analizan sus pasos cuando cumplen años. Acercarse a los 30, los 40 o los 50 nos hace meditar sobre el sentido real de muchas de las cosas que hacemos y, en ocasiones, pasamos un par de días un poco espesos porque recordamos planes hechos en momentos anteriores que, o bien no hemos realizado, o bien nos han decepcionado un poco.
En estos momentos de reflexión, tenemos una dificultad especial para recordar los grandes progresos de nuestra existencia. Nos cuesta centrarnos en lo que tenemos porque la cabeza siempre tiende a ir hacia delante y, por lo tanto, a desear un poquito más. La ambición es necesaria para llegar a altos objetivos, pero debemos dejar un cierto espacio para disfrutar de lo ya conseguido o… o es que si muriéramos ahora nuestra vida no habría tenido sentido? Este tema es un poco desesperante, a veces, ya lo sabes, pero se piensa en ello. Es la muerte de los demás la que nos hace pensar en la nuestra propia. puede que llegue dentro de mucho, mucho tiempo. Pero es ella la que nos hace reflexionar sobre el sentido de nuestra vida.


Si no hubiera un límite vital temporal, es decir, si no existiera la muerte, ni biológica ni artificial (utilizo la expresión artificial para referirme a la muerte provocada por agentes externos, como los asesinatos) nadie estaría obsesionado con la idea de que la vida debe tener necesariamente un sentido. De hecho, por defecto, toda vida lo tiene. Desde el momento en que nacemos e interactuamos con los demás, todo tiene sentido. Aunque no hiciéramos nada, sólo por el hecho de estar rodeados de los demás, tendríamos sentido para alguien, o no? E independientemente del resto de personas, todo ser pensante tiene sentido por y para sí mismo.


Qué debe tener nuestra vida para que, en un momento dado (sea ahora o cuando seamos mayores y nos replanteemos lo que hemos hecho a lo largo de todo nuestro trayecto vital) creamos que ha tenido sentido?
Tal vez nos ayude a responder esta pregunta el plantearnos el porqué nos gustaría que nos recordaran. No hablo de cuando hayamos pasado a la historia. Hablo de cuando dejamos un trabajo o un grupo de amigos, por ejemplo. Por lo tanto, tal vez pensando primero lo que nos gustaría dejar como recuerdo, podemos actuar en la línea correcta para conseguirlo.
También nos puede ayudar a responderla el pensar en las cosas que nos han hecho felices hasta ahora. Cuáles son las que más valoramos, las que merecerían ser recordadas para siempre, las que nos han hecho sentir especiales, aquellos momentos en que nos hemos sentido diferentes, como sobrehumanos, son los que han dado una buena dosis de sentido a nuestra vida.


Aunque no hayamos inventado nada previamente inexistente.
Aunque no hayamos descubierto nada inaudito.
Aunque sólo haya una persona que nos recuerde para siempre.
Todo ha tenido sentido.

Melissa Olave Bravo